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¿Rusia envalentona al régimen Ortega-Murillo y su escalada represiva?

Daniel Ortega en una visita que hizo a Moscú en el año 2008. EFE | Dmitry Astakhov.

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha calculado que la presión internacional es un “riesgo muy bajo” que tendrá que sortear para mantener el poder de Nicaragua. Este es el análisis del politólogo e investigador Manuel Orozco sobre la actitud desafiante y envalentonada del mandatario sandinista ante la ola de condenas, resoluciones y amenazas de sanciones internacionales, que han llegado como respuesta a la cacería ejecutada contra aspirantes presidenciales opositores, políticos y periodistas. 

Para Orozco, la dictadura Ortega Murillo puede cambiar su régimen represivo si ocurren cambios en sus alianzas con las dictaduras de Venezuela, Cuba, Rusia, Irán, entre otros movimientos de izquierda que la respaldan ideológicamente. El director del Centro para Migración y Estabilización Económica del Diálogo Interamericano menciona otro elemento: si hay un viraje en la relación de Ortega con los organismos financieros, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), cuyos préstamos “oxigenan parcialmente el estado represivo y el clientelismo de favores económicos hacia su base electoral”. 

Todo depende de que los instrumentos diplomáticos de presión internacional, condenas, mediaciones y sanciones “se apliquen de forma simultánea y sistemática”, incluyendo de parte de los actores aliados y las multilaterales financieras. 

En medio de esos factores regionales, la relación que los Ortega-Murillo han estrechado en las últimas semanas con la Rusia de Vladimir Putin pareciera ser el factor que envalentona su radicalización, de acuerdo a expertos consultados.

El 23 de junio el líder sandinista respondió que “no habrá ni un paso atrás” en esta arremetida contra opositores. Ante el creciente aislamiento internacional, ese mismo día el ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, confirmó que Nicaragua requirió abastecimiento “del armamento más moderno y preparación de los militares para la actividad militar en condiciones bastante complejas”. Daniel Ortega defendió el derecho de todos los países de tener armamento atómico. “¿A cuenta de qué solo los países desarrollados tienen derecho a tener armamento atómico? Tanto derecho tiene un país en desarrollo, igual derecho tiene un país en vías de desarrollo”, dijo el caudillo sandinista.

Los lazos entre Nicaragua y Rusia se han vuelto más visibles en las últimas semanas, mientras la represión contra los opositores se intensifica. El 30 de junio Nicaragua firmó un acuerdo comercial y económico con la república de Crimea, una península disputada por Rusia y Ucrania. «Este acuerdo tiene como objetivo ampliar y fortalecer la cooperación de las partes en el ámbito comercial y económico (en correspondencia con) las legislaciones de Rusia y Nicaragua, así como de los tratados internacionales de los cuales somos parte como países», dijo el hijo de la pareja presidencial, Laureano Ortega Murillo, que funge como asesor presidencial para las Inversiones, el Comercio y la Cooperación Internacional. 

Más reciente fueron las declaraciones de la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, el nueve de julio, en las que apoya la narrativa de Ortega, que afirma que en Nicaragua “se está gestando otro golpe de Estado” similar al estallido social que ocurrió en abril de 2018. “Rechazamos categóricamente los intentos de injerencia extranjera en los asuntos internos de Nicaragua (…) Deseamos sinceramente éxito al Gobierno, paz y prosperidad al pueblo nicaragüense, con quien estamos unidos por fuertes relaciones de amistad y asociación estratégica”, dijo Zajárova.

La antigua Unión Soviética fue uno de los aliados más importantes con los que contó el régimen sandinista, que lideraba Ortega en los años ochenta. Prestó pleno apoyo económico, político y militar en el contexto de la Guerra Fría, cuando el Ejército Sandinista y la contrarrevolución se enfrentaron en una guerra que dejó más de 50 mil personas muertas. Una vez cesó este apoyo a finales de la década, y la presión internacional incrementó, Ortega decidió adelantar elecciones presidenciales que dieron el triunfo a Violeta Barrios de Chamorro. 

Desde que Ortega regresó al poder en 2007, se han estrechado las relaciones entre Nicaragua y Rusia. En 2014 el presidente Putin, que mantiene en los últimos años una relación tensa con Washington, visitó Managua. Desde entonces, Rusia ha financiado un centro de entrenamiento militar para la lucha contra el narcotráfico en Managua. Ha aportado para el fortalecimiento y modernización del Ejército y donado 26 millones de dólares para atender desastres naturales. En 2016, envió 50 tanques de guerra T-72B, que le costaron a Nicaragua 80 millones de dólares. La agencia de información rusa RIA Novosti aseguró que Rusia ya había suministrado al país centroamericano 12 sistemas de defensa antiaérea ZU-23-2, dos helicópteros Mi-17V-5, así como “un lote” de vehículos blindados. 

Durante la pandemia del coronavirus, la vacuna rusa Sputnik V fue la primera en aplicarse en Nicaragua, en marzo de este año. A inicios del mes pasado, el régimen informó que “pronto” empezará a producir vacunas rusas CoviVac y Sputnik Light, con el apoyo del Instituto de Investigación Científica de Vacunas y Sueros San Petersburgo.

Condena internacional casi unánime 

La represión que ha ejecutado el régimen de Ortega y Murillo desde finales de mayo ha generado declaraciones de la ONU y del Departamento de Estado, así como resoluciones de condena de parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) y del Parlamento Europeo.

Este lunes 12 de julio, el secretario del Departamento de Estado, Antony Blinken, anunció que se impusieron restricciones de visa a 100 miembros de la Asamblea Nacional, fiscales, jueces y sus familiares “que impulsaron el asalto a la democracia”. Hace menos de un mes, el nueve de junio, el Departamento del Tesoro sancionó a cuatro funcionarios del régimen Ortega Murillo, incluyendo a su hija, Camila. El 22 de junio, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos aprobó por unanimidad la Ley RENACER, que se traduce en nuevas sanciones contra el régimen y su círculo más cercano.

Daniel Ortega y Rosario Murillo en un acto público. Archivo. EFE | Jorge Torres.

Tanto la declaración de la ONU y el Departamento de Estado, como las resoluciones de la OEA y del Parlamento Europeo instan a Ortega para que genere condiciones electorales para la realización de un proceso libre, justo, transparente y creíble, con el que se podría solucionar de forma pacífica la crisis política del país. 

Este lunes 12 de julio, la Comisión Europea lamentó las «limitadísimas» opciones de Bruselas para facilitar unos comicios justos y democráticos en las elecciones presidenciales. «Las estrategias de presión política están limitadísimas, las cosas claras», dijo en una comparecencia ante la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo el subdelegado para América Central del Servicio de Acción Exterior de la Unión Europea, François Roudie.

Desde hace semanas, España, México y Argentina se han ofrecido como puentes para una mediación entre Ortega y la oposición, pero el caudillo sandinista ha respondido “que dejen de estar con ese absurdo de que los pongamos libres (a los presos políticos) …Que se olviden de que en Nicaragua no hay justicia”.

El canciller de Argentina, Felipe Solá, dijo que “el canciller nicaragüense me llamó y estaba hecho una furia” por una carta que enviaron a Ortega en conjunto con México, en la que expresaron “nuestra disposición plena para colaborar constructivamente”. 

En una entrevista con el diario español, El País, el periodista nicaragüense, Carlos Fernando Chamorro, dijo que conoció que hubo un amago de la diplomacia norteamericana por abrir un canal de diálogo con Ortega y este contestó: “No, aquí no hay nada de qué hablar hasta después de las elecciones”.

Ortega “no tiene estrategia, está desesperado”

El sociólogo Óscar René Vargas asegura que los seis motores de la economía en Nicaragua son las exportaciones, las remesas, la inversión extranjera, los préstamos y las donaciones. Lo llamativo es que el 80 por ciento de estos rubros provienen de Estados Unidos y la Unión Europea, los países a los que Ortega lanza sus discursos más confrontativos. ¿Por qué lo hace?

La primera hipótesis de Vargas es que Ortega tiene tendencia a negociar al borde del abismo. “Ese discurso confrontativo está dirigido a su base social para demostrar que él va a resistir hasta el final con el fin de evitar fisuras o deserciones”. 

La segunda hipótesis del analista es que Ortega espera tener el apoyo de Rusia, China, Turquía, Irán, Crimea, para meterse en el ámbito geopolítico. Sin embargo, el impacto de estos países en la economía nicaragüense no representa ni siquiera el 5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). “Esto nos indica que Ortega está desesperado, no tiene estrategia, solamente se basa en sus acciones tácticas (encarcelamiento a líderes políticos, represión generalizada, intimidación a los periodistas) con la esperanza que les dé algún resultado positivo a sus intereses”, dijo Vargas. 

Cerrar grifo de multilaterales es clave

Después de la crisis de abril de 2018, el BCIE es uno de los principales financistas del gobierno Ortega-Murillo. EFE | Gustavo Amador

Manuel Orozco considera que la presión internacional para suspender el financiamiento de las multilaterales es importante porque “restringiría sustancialmente la capacidad del régimen de comprar la lealtad de la militancia más proactiva del FSLN”. 

Según Orozco, el régimen estima que para la comunidad internacional será difícil detener esas obligaciones financieras, especialmente el BCIE y el FMI, bajo el argumento de que es financiamiento para el Estado y el bien público. “Pero mucho del gasto no es de bien público”, dijo Orozco, quien agregó que la Ley Nica Act “tiene la facultad de ejercer influencia sobre el FMI, el BM y el BID”. De igual forma Estados Unidos, Canadá, España, y otros países podrían ejercer presión sobre los países miembros del BCIE para cuestionar que es arriesgada la capacidad de pago del endeudamiento de 900 millones adquiridos por Nicaragua en los últimos dos años, “y que resulta mejor suspender los pagos de esos préstamos temporalmente hasta que el país cree condiciones de estabilidad económica y política democrática”. 

De manera que aunque el régimen Ortega Murillo calcula que el riesgo de la presión internacional es bajo, la situación es dinámica, según Manuel Orozco. “La comunidad internacional está confirmando que muchos de los fondos adquiridos están orientados a obras públicas en tiempo electoral y esto se convierte económica y políticamente indefendible en seguir ese apoyo”.

Para Óscar René Vargas, los Ortega Murillo han perdido la brújula política estratégica. “Ellos están dispuestos a matar y morir con tal de seguir en el poder”, dijo Vargas, y agregó: “Están dispuestos a incendiar primero el país, antes de dejar el poder. Es la lógica: el poder o la muerte”. 

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