“¿Qué pasó con Daniel Ortega?”: ausencia récord y silencio inusual del dictador

El caudillo sandinista acumula 66 días sin aparecer públicamente, su ausencia más prolongada hasta la fecha. Fuentes sandinistas apuntan a un agravamiento de sus problemas de salud. El silencio del dictador ante las presiones de Washington y la reciente reforma constitucional que instauró los “designados presidenciales” han avivado las especulaciones sobre su estado y la sucesión dinástica. En medio de versiones que DIVERGENTES no ha podido corroborar, Rosario Murillo concentra la vocería del régimen y modera su confrontación con Estados Unidos.

La última aparición de Daniel Ortega el pasado dos de septiembre de 2026 en un acto del Ejército de Nicaragua. Foto distribuida por los militares.

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Daniel Ortega ha roto su propio récord de desaparición pública: no solo ha llegado a una ausencia de 66 días este 7 de noviembre, cuando se cumplieron cinco años de las últimas elecciones que pudieron ser y no fueron en Nicaragua, sino que en los últimos meses sus apariciones se han reducido drásticamente debido a complicaciones de salud propias de su edad y su enfermedad crónica, coinciden diversas fuentes sandinistas consultadas por DIVERGENTES. 

Uno de los actos partidarios a los que no solía faltar es la conmemoración del aniversario de la muerte de Carlos Fonseca, figura hagiográfica del sandinismo, que se realizó este sábado sin la presencia del viejo dictador en la Plaza de la Revolución, en Managua. En cambio, la copresidenta Murillo ordenó este fin de semana actos diferidos en diversos departamentos para la ocasión, en una maniobra ya recurrente para atenuar las ausencias de su marido.

La última vez que el caudillo sandinista encabezó un acto público fue el 2 de septiembre de 2026, durante el 47.º aniversario del Ejército de Nicaragua. Luego, para las fiestas patrias, Murillo anunció que la copresidencia —como casi todos los años— recibiría la antorcha centroamericana, pero finalmente, el 12 de septiembre, la ceremonia se celebró sin ninguno de los copresidentes. La encabezaron sus hijos Maurice y Camila Ortega Murillo. Tampoco hubo un acto central encabezado por la pareja presidencial para conmemorar la Batalla de San Jacinto y la Independencia, pese a que Murillo también había prometido un acto de Estado.

Ortega cumplirá 81 años el próximo miércoles 11 de noviembre y sus apariciones públicas han venido mermando drásticamente, lo que siempre genera especulaciones sobre su estado de salud. Sin embargo, el caudillo solía salir al paso de esos rumores con nuevas comparecencias, algo que esta vez no ha ocurrido. 

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Según un recuento del medio Confidencial, Ortega ha aparecido públicamente apenas 11 veces en lo que va de 2026, menos de la mitad del promedio de 26 apariciones que registraba entre enero y octubre de cada año, de 2018 a 2025. El medio documentó 264 comparecencias desde 2018 y una tendencia a prolongar cada vez más sus desapariciones: de los 37 días que llegó a permanecer ausente antes de 2020, pasó a períodos de 52, 55 y 61 días en los últimos años, hasta alcanzar su actual récord de 66 días.

Un inusual silencio político

“¿Qué pasó con Daniel Ortega?”: ausencia récord y silencio inusual del dictador
Acto de Carlos Fonseca Amador realizado este sábado al que no asistieron los Ortega-Murillo. Foto tomada de el 19 Digital.

Aparte de la ausencia física de 66 días de Ortega, los copresidentes han mantenido durante todo este período un inusual silencio político frente a una serie de acontecimientos internacionales que, en otros tiempos, habrían provocado sus encendidos discursos. Ninguno de los dos ha explicado el rechazo del régimen a Natasha Franceschi, la embajadora designada por Donald Trump, una decisión que llevó a Washington a llamar a consultas a su máximo representante diplomático en Managua, Elias Baumann. 

Tampoco han respondido a las provocaciones del presidente colombiano Abelardo de la Espriella, quien reavivó la histórica disputa marítima por San Andrés y las aguas del Caribe con nuevas reivindicaciones sobre la zona, cuya disputa fue zanjada por el derecho internacional.

Al margen de su inusual silencio político, otro hecho que avivó las especulaciones sobre su estado de salud fue la reforma constitucional exprés ordenada por la copresidencia, que eliminó la figura del vicepresidente e instauró la de los llamados “designados presidenciales”. Una movida interpretada por diversos analistas políticos como una previsión de la copresidenta Murillo para repartir pequeños feudos de poder que permitan, de alguna manera, blindar la sucesión dinástica que ella promueve ante una eventual desaparición de Ortega. 

El caudillo sandinista es un anciano enfermo, paciente de vieja data de lupus, según versiones de fuentes cercanas a su entorno. Su salud es tratada como secreto de Estado y eso alimenta intrigas palaciegas sobre su condición. Durante años, DIVERGENTES ha sido cauto en ese particular ante la imposibilidad de corroborar las versiones de manera fehaciente. Sin embargo, en mayo de 2026, una investigación de este medio reveló que Ortega dispone de un salón VIP en el Hospital Carlos Roberto Huembes, el centro médico de la Policía Nacional, construido específicamente para atender sus padecimientos. 

Fuentes hospitalarias y cercanas al círculo de poder confirmaron que el dictador sufrió una recaída a mediados de 2025, que estuvo internado al menos cinco días entre septiembre y octubre de ese año y que, durante los primeros tres meses de 2026, acudía al hospital una o dos veces por semana para recibir atención médica y cuidados preventivos, bajo estrictas medidas de seguridad.

“Se va a morir el día que Rosario quiera”

“¿Qué pasó con Daniel Ortega?”: ausencia récord y silencio inusual del dictador

Ahora, con su récord de 66 días de ausencia pública, entre fuentes sandinistas circula el rumor de que Ortega se encuentra en un “coma inducido”, una versión que DIVERGENTES no ha podido corroborar de manera independiente.

“¿Qué pasó con Ortega? No lo sabemos, pero Ortega se va a morir el día que Rosario decida y que le sea más conveniente”, dijo el exdiputado opositor Eliseo Núñez, quien considera que las prolongadas desapariciones del caudillo sandinista han servido para preparar el terreno de cara a su eventual fallecimiento y permitir que Murillo controle los tiempos de la sucesión. “Si muriese hoy o estuviera muerto, lo va a meter en una gaveta y al final lo va a sacar y lo va a velar el día que le convenga comunicar eso”, afirma. 

Según Núñez, el régimen ha venido “abonando el terreno” con ausencias de 40 o 45 días para poder administrar políticamente ese momento. Aunque reconoce que desconoce el verdadero estado de salud de Ortega, encuentra una diferencia respecto a sus desapariciones anteriores: “Llama la atención que no ha reaccionado a los rumores de que está muerto, porque antes reaccionaba bastante rápido a esos rumores”, resaltó.

Por su parte, el abogado Juan Diego Barberena vincula la prolongada actual desaparición de Ortega con la reciente reforma constitucional que eliminó la vicepresidencia e instauró la figura de los designados presidenciales. “Me parece que algo está sucediendo, algo que no estamos viendo”, advierte. 

Barberena también sospecha que detrás de los 66 días de ausencia podría haber un agravamiento de la salud del caudillo sandinista. “Puede estar en una situación de salud bastante vulnerable que impide que se pronuncie sobre un asunto realmente estratégico para el país, para el Gobierno y, sobre todo, para los intereses de la dictadura misma”, sostiene, en referencia a las provocaciones del presidente colombiano sobre las aguas del Caribe delimitadas por la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Por ahora, Murillo es la única que ha mantenido la vocería de la dictadura a través de sus diatribas televisadas todos los días. Aunque ha moderado considerablemente sus ataques contra Estados Unidos, no ha hecho lo mismo con la oposición nicaragüense. Este cinco de noviembre volvió a arremeter contra los opositores desnacionalizados, a quienes llamó “apátridas” y los acusó de no amar a Nicaragua. “Los que no tienen patria, aquellos que no tienen patria, porque no aman, porque no saben amar”, espetó la copresidenta, en medio de la controversia por las acciones impulsadas en España contra su cocanciller Valdrack Jaentschke, señalado por tres opositoras de Unamos por terrorismo de Estado.

Para Manuel Orozco, investigador del Diálogo Interamericano, el repliegue de la retórica de Murillo frente a Estados Unidos responde a otras prioridades del régimen. “Son dos cosas aparte. Ella no está provocando nada ni a nadie. Está preocupada por continuar su gestión gerencial dentro del país a fin de año”, sostiene. Según él, la copresidenta está concentrada en el manejo del nuevo presupuesto, la reanudación de las relaciones comerciales externas y los desafíos de una economía en desaceleración, acompañada de una creciente precariedad social.


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