Nicaragua en el ranking del Foro Económico Mundial: ¿Una real igualdad de género o cifras maquilladas?

Nicaragua figura entre los diez países con mayor igualdad de género en el mundo, según el último informe del Foro Económico Mundial. Sin embargo, un análisis de los indicadores revela que esa posición responde más a una lectura parcial de los datos que a una paridad efectiva en el acceso a derechos, empleo y poder político. Las cifras oficiales contrastan con realidades como el desempleo femenino, la informalidad laboral y la criminalización de organizaciones feministas.


Mira más de nuestra cobertura en tus resultados de búsqueda. Agrega a Divergentes en Google

Nicaragua aparece en el Informe Global de Brecha de Género 2025 del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) como el país con mayor paridad de América Latina y el Caribe, con un cierre de brecha del 78.3% según el documento oficial. El régimen, sin embargo, difundió una versión más optimista, señalando un 80.7%, y presentó el resultado como un logro de su administración. La información fue respaldada por Daniel Ortega, Rosario Murillo y el ministro asesor para Políticas y Asuntos Internacionales y actual co-canciller, Denis Moncada, quien destacó el dato durante el 30 aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing+30) en la ONU.

Pero detrás del ranking hay otra realidad: un Gobierno que reprime a las mujeres, desmantela a las organizaciones que las protegen, mantiene en condición de desaparecidas a activistas y periodistas, apresa a opositoras y coloca ministras en cargos sin poder real. ¿Cómo entonces Nicaragua alcanza los primeros lugares del WEF? Te lo explicamos.

El WEF mide cuantitativamente cuánto se ha cerrado la brecha entre mujeres y hombres con una fórmula que reparte el 100% en cuatro dimensiones para conocer el ranking mundial: participación y oportunidades económicas que compara la tasa de empleo de hombres y mujeres, estima la brecha salarial y mide cuántas mujeres ocupan cargos técnicos y de dirección; educación, y evalúa la alfabetización y el acceso a la primaria, secundaria y universidad; salud y supervivencia, donde cuentan la expectativa de vida saludable y el ratio de sexos al nacer. Y el último, el empoderamiento político: número de diputadas, ministras y los años con una mujer al frente del Estado en el último medio siglo. 

Según el informe, Nicaragua obtuvo un puntaje de 0.783 en el Índice Global de Brecha de Género, lo que deja un 21.7% de desigualdad por resolver. Este resultado coloca al país en el puesto 18 de 148 naciones, un retroceso frente al sexto lugar que ocupaba en 2024, con una caída de 12 puestos en un año. 

Preparando recomendación…

Brecha económica: Nicaragua muestra estabilidad en cifras, pero desigualdad real persiste

Nicaragua en el ranking del Foro Económico Mundial: ¿Una real igualdad de género o cifras maquilladas?
Nicaragua cayó 31 puestos en el índice de participación económica del WEF, reflejando la persistente brecha salarial y la baja presencia femenina en el mercado laboral. Divergentes| Foto tomada de El 19 Digital.

En términos económicos, Nicaragua mostró estabilidad durante la última década, manteniéndose entre las diez economías mejor posicionadas en el Índice Global de Brecha de Género, con su punto más alto en 2018 y 2019. En 2025, sin embargo, la puntuación cayó más de dos puntos porcentuales, sacando al país del top 10. Estos datos reflejan no solo la participación femenina en el mercado laboral, sino también su presencia en roles de liderazgo y la persistencia de la brecha salarial, según indica el informe.

El mayor descalabro se dio en el indicador de participación y oportunidades económicas, donde Nicaragua alcanzó apenas 0.533 puntos, ubicándose en el lugar 131 a nivel mundial. 

En 2024 ocupó la posición 100, por lo que retrocedió 31 escalones, lo que evidencia que la brecha de género en empleo, salarios y puestos directivos sigue abierta, es decir, hay pocas mujeres en el mercado laboral, una gran desigualdad salarial y menores ingresos frente a los hombres.  

Esta situación se refleja en la participación en la fuerza laboral, y por ende, en los ingresos, pues el país ocupa el puesto 124 de 148. Lo que significa que de cada diez nicaragüenses el 4.8 mujeres participa en el mercado de trabajo frente al 8.3 hombres, una diferencia de -35 puntos porcentuales.

Otro de los puntos analizados por el WEF es que la igualdad salarial sigue siendo uno de los grandes retos del país. Según el informe, Nicaragua ocupa el puesto 15 de 148 naciones en este indicador, lo que la ubica relativamente bien frente a otros países. Sin embargo, su puntaje es de apenas 0.547 en una escala de 0 a 1, lo que refleja que la brecha aún es considerable. Sin embargo, la contradicción aparece al revisar el ingreso estimado anual (ajustado a dólares internacionales), donde el país cae hasta el puesto 124. El promedio muestra que las mujeres perciben 4830 dólares, mientras los hombres 10 220 dólares, una diferencia de -5.39 puntos. 

En otras palabras, las mujeres ganan menos de la mitad que los hombres en un año, pues aunque el país figura “alto” en igualdad salarial por trabajo similar, en la práctica el ingreso real de las mujeres sigue rezagado, porque hay menos mujeres en el mercado laboral, muchas están en el empleo informal o en puestos de baja remuneración, y pocas acceden a cargos de poder o mejor pagados, muy distante al discurso oficialista que evoca a diario la copresidenta de la República, Rosario Murillo

Empoderamiento político se reduce en números altos y poder real limitado

Nicaragua en el ranking del Foro Económico Mundial: ¿Una real igualdad de género o cifras maquilladas?
El informe destaca la presencia femenina en cargos públicos en Nicaragua, aunque casos como el de la alcaldesa de Managua, Reyna Rueda, muestran que la visibilidad no siempre se traduce en poder real. Divergentes| Medios de propaganda sandinista.

El WEF también analiza el empoderamiento político. Nicaragua obtuvo un puntaje de 0.626 y en 2025 se ubica  en el puesto seis, apenas un lugar menos que en 2024, lo que la posiciona como uno de los países con mayor representación femenina en el Parlamento y cargos ministeriales. Según el informe, existe una paridad cercana al 45% de mujeres y 55% de hombres en el Legislativo, mientras que en los ministerios la proporción es de 35% mujeres y 65% hombres. 

Sin embargo, la jefatura de Estado sigue marcada por la desigualdad: en los últimos 50 años, solo 6.72 años han sido ocupados por mujeres, seis de estos por la fallecida Violeta Barrios de Chamorro. Esta brecha de 36 años evidencia la limitada participación femenina en los niveles más altos del poder político, a pesar de los intentos de Murillo por protagonizar como copresidenta bajo el mandato de Ortega

Aunque según el informe, la relevancia es que América Latina y el Caribe tiene la mayor representación regional en este bloque, con un 50%, lo que significa que varios países de la región están cerrando brechas de género a un ritmo más rápido que otras regiones. Nicaragua aparece como un caso destacado por la proporción de mujeres en ministerios y Parlamento, pero esa paridad son solo números. 

La presidencia de la Asamblea Nacional evidencia la realidad, pues en 18 años de régimen, tras la muerte de René Núñez en 2016, la diputada sandinista Iris Montenegro ocupó el cargo apenas cuatro meses, antes de que Gustavo Porras asumiera y consolidara el control masculino que sigue vigente. 

Incluso en la exposición mediática la balanza es evidente: destacan Wálmaro Gutiérrez, Carlos Emilio López y Wilfredo Navarro —este último en la junta directiva—, mientras que la vicepresidenta Arling Alonso, junto a Amada Pineda, María Haydée Ozuna, Alejandro Mejía y, de forma esporádica, Loria Dixon, quedan relegadas a la sombra, sin protagonismo ni voz pública.

Lo mismo ocurre en los ministerios. En el caso de Salud, las figuras con mayor visibilidad han sido Laureano Ortega y el viceministro Carlos Sáenz, incluso por encima de las exministras Sonia Castro y Carolina Dávila. 

Tras su salida, Martha Reyes asumió la cartera hasta octubre de 2024, cuando fue reemplazada por Ofelia Villalobos. Sin embargo, quienes concentran la exposición pública siguen siendo Laureano y Sáenz, pues son ellos quienes encabezan anuncios sobre acceso a vacunas, foros internacionales, donaciones de equipos médicos y otras actividades relevantes. 

La misma dinámica se repite en la Alcaldía de Managua. Aunque la alcaldesa Reyna Rueda aparece en actos públicos entregando viviendas, recorriendo altares de la Inmaculada Concepción o supervisando obras de calles y drenajes, el verdadero poder recae en el secretario Fidel Moreno, considerado la pieza estratégica del régimen Ortega-Murillo en la capital.

María Teresa Blandón, directora de La Corriente, afirma que “desde que Daniel Ortega y Rosario Murillo regresaron al gobierno en el 2007, se han ocupado de que hayan porcentajes paritarios o casi paritarios en cada uno de los poderes del Estado, que están bajo su absoluto control. O sea, es una paridad en el contexto de un gobierno autoritario”. 

A juicio de Blandón la paridad que existe en el Parlamento o en los ministerios se debe únicamente a que la pareja presidencial ha designado los puestos a su criterio, nivel de fidelidad, cercanía, lealtad o sometimiento al régimen, y no se puede analizar esta paridad como un logro democrático, especifica. 

Nicaragua destaca en alfabetización

Nicaragua en el ranking del Foro Económico Mundial: ¿Una real igualdad de género o cifras maquilladas?
Aunque el WEF coloca a Nicaragua en el primer lugar mundial en igualdad educativa, críticas apuntan a la baja calidad y al control político del sistema. Divergentes| Foto tomada de Redvolución.

En término de logros educativos, Nicaragua aparece como un caso excepcional. El informe del WEF le otorga un puntaje perfecto de 1.000, lo que la coloca en el primer lugar mundial en igualdad entre mujeres y hombres en este ámbito. 

El salto es enorme si se compara con 2024, cuando estaba en el puesto 32. Hoy, ambos sexos tienen el mismo acceso a la alfabetización, la primaria, la secundaria y la universidad. Las cifras son casi idénticas: 82% de alfabetización en mujeres y 83% en hombres. Sin embargo, este logro contrasta con el terreno laboral, donde las brechas siguen marcadas.

Blandón cuestiona el puntaje perfecto que el régimen y Moncada se enorgullecen. Según ella, existe una “educación pública de muy mala calidad… enfocada en un entorno de coerción, censura, chante y miedo, y eso es contrario a los propósitos en última instancia de la educación, que como sabemos, es fomentar el pensamiento crítico, el conocimiento de las ciencias, valores humanistas en el estudiantado. Y lamentablemente nada de eso tenemos en ninguno de los niveles de enseñanza pública en Nicaragua”. 

“En lo que sí tenemos equidad es que en niños, niñas, adolescentes de ambos sexos y jóvenes están saliendo de la primaria y de la secundaria con una pésima calidad educativa”. Agrega que la misma situación se repite en las universidades controladas por el régimen, que son los que en última instancia, deciden qué disciplina se enseña y cuál es el enfoque de la mismas. 

“Decenas de maestras han renunciado y han preferido irse a vender al mercado porque ya no soportan ese nivel de violencia, de acoso, de irrespeto, de manipulación. Bueno, esto no nos puede hablar de equidad”, aclara la feminista.

Cifras de salud optimistas, realidades precarias

Nicaragua en el ranking del Foro Económico Mundial: ¿Una real igualdad de género o cifras maquilladas?
El país figura con alta puntuación en salud y supervivencia, pero la realidad muestra rezagos en embarazos adolescentes, acceso a anticonceptivos y atención médica. Divergentes| Foto tomada de El 19 Digital.

En materia de salud y supervivencia, Nicaragua alcanzó un puntaje de 0.976 y se ubicó en el puesto 37, frente al 34 que ocupaba en 2024. Aunque hubo un ligero descenso, las diferencias entre hombres y mujeres son mínimas, tanto en la expectativa de vida saludable como en la proporción de nacimientos por sexo.

Blandón también cuestiona las métricas del informe y enumera las razones: “Nicaragua sigue estando entre los primeros lugares de América Latina y el Caribe de embarazos de niñas y adolescentes. Casi el 30% de los embarazos son de niñas y adolescentes, y en Nicaragua esto ocurre una buena parte producto de la violencia, del abuso sexual, porque tampoco en la educación pública existe ninguna medida, ninguna alternativa para prevenir la violencia de género”.

Concluye que el país mantiene un rezago en educación sexual dentro de la enseñanza pública, tanto en primaria como en secundaria, lo que también constituye una forma de violencia. A esto se suma la falta de acceso de las mujeres a métodos contraceptivos seguros, muchas veces poco asequibles. 

Tampoco existen políticas públicas de prevención y atención para la población con VIH y sida, cuyos contagios, según Blandón, se han incrementado. Además, programas hospitalarios fueron cerrados y especialistas médicos despedidos por razones políticas. Todo esto, señala la analista, merma el derecho a la salud de cientos de mujeres y contrasta con las métricas presentadas por el régimen.

Reconoce que existe gratuidad en la atención primaria, “pero la atención es muy deficiente”. Lo mismo ocurre con el acceso a medicinas o a exámenes médicos, que resulta difícil tanto para las mujeres como para la población en general. Incluso, el propio Ministerio de Salud (Minsa) enfrenta limitaciones para atender y prevenir enfermedades endémicas como el dengue o la covid. A esto se suma la alta rotación de ministras, lo que Blandón califica como “una paridad tramposa sujeta a los vaivenes y a los intereses, y hasta del estado de ánimo de Murillo”. 

Según explica, esta rotación responde a la falta de procesos de contratación rigurosos, pues todo depende de los niveles de lealtad política. “De tal manera que ni en la forma de elegir o seleccionar mujeres para lograr la paridad, ni en el tipo ni en la permanencia, que es bastante intermitente de estas mujeres, ni en el reconocimiento al derecho que puedan tener estas mujeres a decidir porque no tienen ni en las políticas públicas”. Por eso, concluye, afirmar que Nicaragua está entre los países que mejor puntúa en equidad de género “es a todas luces una falacia”.

También cuestiona que las organizaciones internacionales sigan reportando a Nicaragua, bajo una dictadura, como un país destacado en equidad de género. “No entienden lo que es la paridad, es que no entienden que en medio de la dictadura no puede florecer ni la paridad de género, ni los derechos de las mujeres. O sea que es una repetición ad infinitum de una enorme confusión o de una enorme manipulación de lo que ha sido una demanda histórica y legítima de los movimientos feministas en el mundo”.

“La demanda feminista de paridad tiene que ver con procesos legítimos de elección, con rendición de cuentas y con mayor participación de las mujeres, pero no solo eso, sino con más participación para que existan más derechos”, finaliza Blandón. 

Aunque el informe del WEF no detalla cuánto aporta cada dimensión al puntaje global de Nicaragua, la información disponible evidencia un contraste entre la narrativa oficial y la realidad. El régimen Ortega-Murillo ha celebrado al país como líder en paridad de género en América Latina, pero la vida de las mujeres nicaragüenses muestra otra realidad. 

La gran interrogante es: ¿hasta qué punto estos datos reflejan la igualdad de género que realmente viven las mujeres en Nicaragua, cuando el ranking se alimenta de estadísticas del mismo gobierno que reprime sus derechos?