19 de julio: Ortega y Murillo instauran modelo de partido único mientras preparan sucesión dinástica

Después de 43 años del triunfo de la revolución que situó a Nicaragua en el imaginario y la ilusión de gran parte del mundo, el Frente Sandinista ha sufrido una mutación política de la mano de su líder, Daniel Ortega, consolidando en el país el modelo de partido único. Con todo el liderazgo opositor en la cárcel o en el exilio, la censura y hostigamiento contra las oenegés, la Iglesia Católica y el periodismo independiente, hemos querido contrastar con un grupo de analistas políticos y expertos su visión sobre el modelo al que parece aspirar Ortega. Las conclusiones son claras: modelo cubano bajo el control de una dinastía para la que ya habría un sucesor: Laureano Ortega Murillo. La hoja de ruta también parece obvia “el poder o la muerte”, señala un sociólogo nicaragüense

Daniel Ortega durante la celebración del 39 aniversario de la revolución. Archivo/Carlos Herrera

Los caudillos del Frente Sandinista, Daniel Ortega y Rosario Murillo, asisten este 19 de julio al 43 aniversario del triunfo de la insurrección sandinista en medio de una ola represiva que se ensaña con sus víctimas directas: presas y presos políticos, universidades, oenegés, periodistas y autoridades municipales opositoras. Analistas políticos e historiadores consideran que el régimen en el poder celebra la consolidación del modelo de partido único, estilo cubano, mientras se prepara la sucesión dinástica. 

Para el sociólogo e historiador, Óscar René Vargas, el régimen está consolidando un modelo de partido único aunque no se atreva decirlo públicamente. “Daniel Ortega tiene como lógica actuar sin anunciar lo que va a hacer. Nunca va a declararse partido único porque eso aumentaría su aislamiento internacional que condiciona préstamos internacionales, como por ejemplo los que recibe del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)”. La deriva autoritaria del régimen ha provocado que multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) reduzcan o eliminen el financiamiento a Nicaragua, lo que ha llevado al régimen a depender casi exclusivamente del BCIE como organismo que le otorga préstamos. Entre junio de 2018 y julio de 2021, el BCIE ha otorgado mil 906 millones 875 mil 641 dólares en concepto de préstamos al régimen Ortega-Murillo, que han sido vitales para no colapsar económicamente.

El doctor en Ciencias Políticas e historiador, Andrés Pérez Baltodano, caracteriza al modelo actual de gobierno como uno muy similar al somocismo, con algunas diferencias. En primer lugar está la centralización familiar, como ocurrió con la dinastía de los Somoza durante los 42 años (entre 1937 y 1979) de mandato en Nicaragua. Y en segundo lugar, no tienen ideología política definida. “La ideología tanto de Somoza como de Ortega es la ambición por el poder y un sentimiento de oposición por cualquiera que lo critique”. 

En una entrevista con DIVERGENTES, el exdiputado Eliseo Núñez, dijo que el régimen está migrando de un partido hegemónico, un modelo que han tenido desde hace un tiempo, hacia uno de partido único. “El tema principal es dejar a la población sin capacidad de encontrar alternativas fuera del Estado. Crear una dependencia absoluta del ciudadano para con el Estado”, agregó Núñez.

Paso a paso hacia el totalitarismo

Rosario Murillo junto a Daniel Ortega. Archivo/EFE

Desde el 10 de enero de este año, cuando Ortega y Murillo asumieron cinco años más en el poder, luego de reelegirse tras encarcelar o inhibir a toda la oposición significativa, en noviembre de 2021, continuaron allanando el camino hacia la destrucción de los pocos espacios críticos que existían en el país. En febrero, iniciaron los juicios y condenas contra 40 presos políticos capturados desde antes de las elecciones presidenciales, entre ellos, al menos siete precandidatos a la presidencia. 

A la par, el régimen inició la cancelación de cinco universidades y confiscó sus sedes. También aprobó una nueva Ley de Autonomía Universitaria con la que apartaron a la Universidad Centroamericana (UCA), dirigida por los jesuitas, del acceso al 6% de los fondos del presupuesto de Gobierno. Pero también continuó con el despojo de personerías jurídicas de oenegés (1,071 hasta el cierre de esta nota), algunas de las cuales vieron arrebatadas sus instalaciones mediante confiscación.

Más adelante, en abril, el régimen bajó un peldaño más hacia el aislamiento internacional y anunció su salida de la Organización de Estados Americanos (OEA)  y confiscó las oficinas del organismo regional en Managua. Las instalaciones fueron declaradas de “utilidad pública” y se le cedió al Instituto de Cultura (INC) para construir el “Museo de la Infamia”, que supuestamente “promoverá la cultura de respeto a su soberanía, la educación sobre la historia reciente, respecto a hechos que han lesionado los principales y elementales derechos humanos del pueblo nicaragüense”, según la Procuraduría General de la República (PGR), ente encargado de la confiscación. 

En las últimas semanas, el régimen ha dirigido sus ataques en varios flancos. Por un lado, se tomó cinco alcaldías que pertenecían al partido político opositor Ciudadanos por la Libertad (CxL). Esto ocurrió a tan solo cuatro meses de las votaciones municipales. Analistas y políticos opositores señalan que, con ello, “se aniquiló” el próximo proceso electoral. “Vamos hacia el modelo cubano”, valora el politólogo Silvio Prado.

El último hecho que tuvo repercusión internacional fue la expulsión del país de las monjas de una de las organizaciones que fueron despojadas el 29 de junio, la Asociación Misioneras de la Caridad de la Orden Madre Teresa de Calcuta, una entidad que trabajaba en Nicaragua desde 1988. La organización administraba albergues de adolescentes abandonados o abusados, un asilo de ancianos, un proyecto de refuerzo escolar a estudiantes en situación de riesgo y una guardería para familias sin recursos. Las religiosas tuvieron que salir de inmediato por la frontera sur hacia Costa Rica, según mostraron algunos medios de comunicación.

Y por si fuera poco, ese mismo día, el régimen desató una cacería contra periodistas y trabajadores del diario La Prensa que dieron cobertura a la expulsión de las religiosas. Detuvieron a dos conductores del periódico y allanaron la casa de varios reporteros del diario. Además, han extendido los hostigamientos a periodistas de otros medios de comunicación independientes. 

Laureno, el sucesor de la dinastía

Laureano Ortega, nacido en 1982, es el sexto hijo de los nueve que tiene la pareja presidencial y es quizás el más notable. Archivo/EFE

La firma británica The Economist Intelligence Unit (EUI), una publicación de prestigio y fuente de información de inversionistas, publicó un informe en el que vaticinan que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) seguirá siendo la fuerza política dominante en Nicaragua por “medio de un autoritarismo creciente”. La publicación proyectó que Daniel Ortega “se mantendrá en el poder mientras su salud se lo permita”. 

La EUI señaló que Laureno Ortega Murillo, hijo de la pareja presidencial, “ha asumido más responsabilidades políticas en los últimos años, posiblemente allanando el camino para la sucesión dinástica”.

Óscar René Vargas explica que el modelo político que implementan Ortega y Murillo es similar al Somocismo porque quieren formar una dinastía. “Ese es el elemento central: la dinastía. Por eso yo creo que el sucesor no es Rosario Murillo, sino Laureano Ortega (su hijo)”, agrega Vargas.

Para el historiador, Rosario Murillo genera animadversión dentro del partido y en la sociedad nicaragüense, mientras que Laureano “no genera nada y se pasa el poder más fácil”. Vargas dice que Murillo “ha golpeado a mucha gente y eso genera resistencia”. Ortega sabe que, con Murillo, “el orteguismo se divide”, concluye. 

FSLN entre 1979 y 2022: mutación política

El doctor en Ciencias Políticas e historiador, Pérez Baltodano, explica que el Frente Sandinista, en 1979, logró presentar una propuesta que, en ese momento, se miraba viable y legítima: “la aspiración de una Nicaragua fundamentada en tres valores esenciales: soberanía nacional, justicia social y democracia popular”. Sin embargo, Baltodano sintetiza que el fracaso revolucionario desembocó en “la polarización del país, la desarticulación de la economía y la guerra”. Esta situación insostenible forzó a que las partes en conflicto accedieran a la paz y se celebraran elecciones presidenciales en 1990, cuando los sandinistas perdieron el poder.

Para Pérez Baltodano, los abusos de poder y la violación de los derechos humanos cometidos por el gobierno sandinista en los años ochenta, “son realidades que coexistieron, contradictoriamente, con el proyecto de creación de una Nicaragua justa, libre y soberana”. 

Óscar René Vargas recuerda que el atraso cultural de los dirigentes sandinistas en los años ochenta, algunos de ellos solo tenían el bachillerato como máximo grado académico, provocó que se asumiera la visión cubana de la revolución. “Los cubanos tienen una influencia política ideológica importante en Nicaragua, a eso se le suma la de los países llamados socialistas y la posición adversaria de Ronald Reagan (entonces presidente de Estados Unidos)”, afirma Vargas. “Entonces se creó, a mi criterio, una especie de estalinismo tropical, un verticalismo supuestamente socialista pero con toda las mañas de la represión que tenían como objetivo eliminar al adversario”, amplía.

Vargas considera que las ideas originales del Frente Sandinista en 1979 han sufrido “una mutación que tiene relación directa con la mutación política del dirigente (Ortega) y los círculos de poder que lo acompañan”. 

“La estrategia de Ortega: el poder o la muerte”

Un retrato de Daniel Ortega durante el aniversario de la revolución en la plaza La Fe en Managua. Archivo/Carlos Herrera

Los preparativos para la celebración del aniversario de la revolución fueron divulgados en un canal de televisión oficial por Fidel Moreno, el secretario de la Alcaldía de Managua, una de las personas de más confianza de la pareja en el poder. Por la mañana del 19 de julio, habrá reuniones en los barrios y caminatas por todos los municipios de Nicaragua “para que se vea la fuerza”, según Moreno. Por la tarde, el acto principal se realizará con un aforo reducido en la Plaza de la Revolución, como se hace desde la pandemia. Por tercer año consecutivo no habrá una movilización masiva en la Plaza La Fe, que se había convertido en el lugar elegido hasta antes de 2019. 

Un sociólogo consultado en condición de anonimato señaló la muestra de debilidad que supone para el Frente el no convocar movilizaciones masivas . “Que un partido, que vivía de las movilizaciones, ahora no las haga, porque para este año ya no hay la excusa de la pandemia, demuestra la poca popularidad que tiene dentro de sus propias filas”, valoró el sociólogo. 

Para Óscar René Vargas, la escalada represiva de los últimos meses se explica por el miedo que tiene Daniel Ortega de perder el poder. “Sabe que la mayoría de la población no está de acuerdo con la posición política del Frente Sandinista y lo que hace es reprimir todo y evitar cualquier resquicio por donde pueda saltar la liebre”, dice Vargas. “El deterioro en el nivel de vida que ha tenido la población desde 2018 es un factor que puede desencadenar nuevas protestas sociales”, resalta el historiador. 

Vargas afirma que la lógica de Daniel Ortega es preservar el poder para establecer una dinastía familiar. “Por eso, su estrategia es el poder o la muerte”, concluye.